Charles Bukowski

qué quieren

Vallejo escribiendo sobre
la soledad mientras se muere
de hambre;
la oreja de Van Gogh rechazada por una
puta;
Rimbaud huyendo a África
buscando oro y encontrando
una sífilis incurable;
Beethoven quedándose sordo;
Pound arrastrado por las calles
dentro de una jaula;
Chatterton comiendo veneno para ratas;
el cerebro de Hemingway derramándose en
un jugo de naranja;
Pascal rebanándose las muñecas
en una tina de baño;
Artaud encerrado por su locura;
Dostoievsky en el paredón de fusilamiento;
Crane lanzándose a las aspas de un barco;
Lorca baleado en el camino por tropas
españolas;
Berryman saltando de un puente;
Burroughs disparándole a su esposa;
Mailer acuchillando a la suya.
esto es lo que ellos quieren:
un dios maldito
que muestre un anuncio de neón
en medio del infierno.
esto es lo que ellos quieren,
montón de
estúpidos
dispersos
seguros
tristes
admiradores de
carnavales.

solitario con todos

a la carne que cubre el hueso
le ponen una mente
y a veces un alma,
y las mujeres avientan
floreros contra las paredes
y los hombres beben
demasiado
y ninguno encuentra al
otro
pero se mantienen
observando
arrastrándose dentro y fuera
de la cama.
la carne cubre
al hueso pero la
carne busca algo
más que carne.

no hay otra salida:
todos estamos atrapados
por un singular
destino.

nadie encuentra
al otro.

la ciudad está llena de melancólicos
de basureros llenos
de manicomios llenos
de hospitales llenos
de cementerios llenos
nada más está lleno.

señales de tránsito

los viejos amigos del pueblo juegan
en el parque contemplando el mar
haciendo marcas en el cemento
con bastones de madera.
juegan cuatro, dos de cada lado
mientras 18 ó 20 se sientan
bajo el sol y miran
los observo cuando me dirijo
hacia un edificio público
mientras arreglan mi coche.

hay un viejo cañón en el parque
oxidado e inútil.
seis o siete veleros surcan
mar abajo.

termino mis deberes
salgo
y siguen jugando.

una de las mujeres está exageradamente
maquillada
usa pestañas postizas y fuma
cigarro.
los hombres son muy delgados
muy pálidos
llevan relojes de mano que hieren
sus muñecas.

hay otra mujer muy gorda
que ríe estúpidamente
cada vez que alguien logra un punto
algunos de ellos son de mi edad.

me repugna
la forma en que esperan la muerte
con la misma pasión
que una señal de tránsito.

es el tipo de gente que cree en los comerciales
es el tipo de gente que compra dentaduras postizas
a crédito
es el tipo de gente que celebra los días festivos
es el tipo de gente que tiene nietos
es el tipo de gente que vota
es el tipo de gente que a quien le hacen funerales.

Son como la muerte
el esmog
el aire hediondo
la lepra.

finalmente.
así es la mayoría de la gente.

las gaviotas son mejores
las algas marinas son mejores
la arena sucia es mejor

si pudiera dirigir ese viejo cañón
hacia ellos
y hacerlo estallar
lo haría

me repugnan.

(Ch. Bukowski. El amor es un perro infernal. Selec. y trad. Víctor M. Carrillo. México: Ediciones del Milenio, 1999)