Julia Santibáñez E.

Te creí cartógrafo
letrado en meridianos.
Quise abrirme, ser el mapa de tu noche
que me leyeras con las yemas de los dedos
trazaras meridianos
descifraras corrientes bajo tierra.
Quise guiarte entre relieves,
hondonadas,
pendientes y bahías.

No sabes leer.

ªªªªª

Arrancar el amor
como se arranca un fruto del árbol
con la misma vehemencia
y un golpe de muñeca.
Sentir su peso
en el hueco de la mano.
Salivar su aroma
sin permiso.
Convencida de que es mío
hincarle el diente
llenarme la boca de su jugo
dejar que escurra
serpentee.

Con la boca hinchada de su pulpa
irme andando la rubia avenida.

ªªªªª

De cara a la pared
apenas recuerdo la confianza que tenía
en mis piernas
mi rostro
antes de tu nombre.
Ahora no sé.
Ando temblorosa
con un hueco en el vientre
a desagusto en mi piel
como quien sin droga
no se conoce.
De cara a la pared,
abstinencia de ti.

ªªªªª

El joven rey está contento.
Magnánimo
exculpa a dos ladrones,
regala vino a los vasallos,
descree negros augurios sobre el reino.

Vaga por palacio
y parece más alto,
de ojos más oscuros
(se toca los labios, como extrañado,
y ríe para sí mismo).

Desde ayer soy
su cortesana.

ªªªªª

Quiero que te deslices
como un pez sobre mi cuerpo,
escurridizo entres en mí
y me hagas dentro un mar.

(J. Santibáñez E. Rabia de vida (rabia debida). México: Editorial Resistencia, 2015)