Poemas para antes y después de navegar

Bernardo Ortiz de Montellano

No digas que no, que nada

No digas que no, que nada,
que ninguno, nadie, nunca,
porque a lo mejor te engañas.

No digas que no, que nada,
si de cada cuatro estrellas
baja una voz en voz baja
que ninguno, nadie, nunca
supo interpretar sus huellas.
No digas que no, que nada;
no digas que no a la vida
porque a lo mejor te engañas.

Soy el último testigo de mi cuerpo

Veo los rostros, la sábana, los cuchillos, las voces
y el calor de mi sangre que enrojece los bordes
y el olor de mi aliento tan alegre y tan mío!

Soy el último testigo de mi cuerpo

Siento que siento
lo frío del mármol
y lo verde
y lo negro
de mi pensamiento

Soy el último testigo de mi cuerpo

Hombre

El hombre es una fábrica
de tiempo
de soledad
de pensamientos.
Está en continuo hacerse:
es una fábrica
de reacciones
de belleza
de sueños,
de silencios nostálgicos
y ausencias en la noche.

El Hombre,
cada hombre,
edifica distancias,
diferencias,
acordes,
sobre iguales cimientos
de sueños, de guitarras, de esqueletos.

Porque el hombre es una fábrica
de acciones
y reacciones,
de olvidos
de vuelos
y de negaciones.

Presencia

Mar azul, mar ignoto, mar amargo
Hundido a la penumbra de los ciegos,
ondula, llama de agua, entre mis dedos
amargo mar azul, oscuro llanto.

Existe el mar, existe y sin embargo
no siempre junto a mí laten sus fuegos.
Mar, mar, mar aclaman horizontes y denuedos
al hueco de mi sed tu flor de acanto.

Mar azul, mar ignoto, mar amargo,
amargo mar azul,
Oculto,
Junto.

Enigma

Sábete
que se encuentra y se posee
sin darnos cuenta
el amor y la belleza,
la muerte y el don de Dios,
la gloria, fama o fortuna,
lo más alto y lo mejor
de lo que no disponemos,
lo que de ignorar poseemos
que si lo reconocemos
perdemos:
Vida, muerte, amor, belleza.

(B. Ortiz de Montellano. Obra poética. Rec., ed., prelim., pról., notas e índices Lourdes Franco Bagnouls. México: UNAM, 2005)