José Hierro

Mundo de piedra

Se asomó a aquellas aguas
de piedra.
Se vio inmovilizado,
hecho piedra. Se vio
rodeado de aquellos
que fueron carne suya,
que ya eran piedra yerta.
Fue como si las horas,
ya piedra, aún recordaran
un estremecimiento.

La piedra no sonaba.
Nunca más sonaría.
No podía siquiera
recordar los sonidos,
acariciar, guardar,
consolar…

Se asomó al borde mudo
de aquel mundo de piedra.
Movió sus manos y gritó su espanto,
y aquel sueño de piedra
no palpitó. La voz
no resonó en aquel
relámpago de piedra.

Fue imposible acercarse
a la espuma de piedra,
a los cuerpos de piedra
helada. Fue imposible
darles calor y amor.

Reflejado en la piedra
rozó con sus pestañas
aquellos otros cuerpos.
Con sus pestañas, lo único
vivo entre tanta muerte,
rozó el mundo de piedra.
El prodigio debía
realizarse. La vida
estallaría ahora,
libertaría seres,
aguas, nubes, de piedra.

Esperó, como un árbol
su primavera, como
un corazón su amor.

Allí sigue esperando.

Renunciación

Lo quiso todo o nada.
Por eso dejó todo:
para tenerlo todo.

Qué sentirá. Qué cifra
ordenará su mundo,
revelará sus seres.

Qué esfinge arranca ahora
al arpa sideral
arquitecturas músicas.

Y cómo ramas, nubes,
granos de sol, enjambres
de lluvia, romperán

contra su trono de oro,
salpicarán su báculo
del alba de las nadas…

El niño de la jaula vacía

Con tus manos hiciste libres
-con tus propias manos- las aves.
Hijo: qué sueñas, sombra, símbolo
del hombre que rompe sus cárceles,

del que libera pensamientos,
palabras que se lleva el aire;
del que dio canto y dio consuelo
y no halló quien lo consolase.

Solitario, mudo, ceñidas
las sienes de hojas otoñales.
En la boca reseca el gusto
de la sal de todos los mares.

La sal que dejaron las olas
de los días al derrumbarse.

(Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas. Selec. e introd. José Francisco Ruiz Casanova. 11a ed. corr. y aum. Letras Hispánicas 500. Madrid: Cátedra, 2014)

Hamutal Bar-Yosef

Muéstrame

Muéstrame de nuevo esas fotos
de gente en un coche cerrado.
Tengo que estar preparada.
Muéstrame los ojos del niño que contempla la cara destrozada de su hermano.
No ocultes la pila de cadáveres abrasados.
Tengo que estar preparada.
No en sueños, no antes de dormir,
como si hubiera muerto con mi hermano en aquella guerra
noche a noche vomito mis entrañas,
los gusanos las cosquillean
y mi voz se paraliza.
Muéstrame despierta, en la televisión,
cómo un padre dice <<salta por la ventana y corre>>.
Cómo un hombre aferró el revólver del enemigo.
Muéstramelo de nuevo.
Tengo que estar preparada.

Tel Aviv

Sí, anónima urbe, con auténtica delicadeza
me has violado.

Viste una gran piedra y la olíste, indiferente.
Sí, noche a noche el mar con gesto donjuanesco
sostenía una puerta giratoria,
siempre abierta, de entrada a
una hermosa playa llena de gente y de aire, como la cerveza
de una copa gigante absorbida en la sangre del bulevar marítimo,
y la playa retumba en los oídos como un joven desesperado
que declara su amor en una cabina telefónica,
la playa que es un salón de baile en el que no hay más que apretones,
miradas de todo tipo.

¡Cuidado! Una perrita saltó por la ventanilla de un coche en el semáforo
batiendo su cola, anhelando conocer a mi perro.
¿Cómo y cuándo me despojaste de mi duelo,
ciudad de aire tibio y procaz?

Pensaba que la muerte

Pensaba que la muerte empezaría por los pies,
por las estrías del talón reseco.
O que la gangrena carcomería los orificios interiores
para humillarme por completo.

No, mi muerte vendrá de la cabeza,
fina como aguja eléctrica, repentina, tic-tac,
haciendo estallar mis fusibles,
pulverizando mi lengua.

A las cuatro y media

A las cuatro y media de la tarde hasta el árbol
se despereza, como un niño de guardería cuyos padres se demoran
dispuesto a cobijarse en regazos ajenos,
y extiende las ramas con todas sus fuerzas
atraído por cualquier nube pasajera:
Apresúrate, llévame en tus alas fingidas,
no me dejes ennegrecer con el crepúsculo.

A las cuatro y media hasta el árbol,
cuánto más los que necesitan amor.

En la biblioteca

Recién hoy, y ya han pasado más de dos años,
fue como si se hubieran silenciado los chirridos del taladro,
suavizado el ruido de un objeto pesado cayendo en un vacío vagón nocturno,
y sólo imágenes casuales presionan aún el gatillo, cada mancha
parece desde lejos roja y líquida…
recién hoy en la biblioteca, tras una fila de espaldas encorvadas
distinguí de pronto un abrigo de lana
similar al que tejí alguna vez…
No, para ti no.
¡Para ti nunca tejí un abrigo!
¿Y cómo puede ser que sólo a ti no te haya tejido ni un solo abrigo?
Si te he besado más de lo que besaba a tus hermanos mayores
y te he dicho más palabras de amor de las que les dije a tus hermanos mayores
y te compadecía y te alentaba y consentía más que a todos tus hermanos mayores,
pero nunca tejí para ti un abrigo
y ni siquiera había pensado en eso hasta hoy.

(H. B. El lugar donde duele. Antología poética (1970-2010). Ed. bilingüe. Trad. Mario Wainstein y Florinda F. Goldberg. Madrid: Vaso Roto Ediciones, 2013)

e. e. cummings

IX

las horas se levantan despojándose de estrellas y es
la aurora
en la calle del cielo desemboca la luz esparciendo poemas

en la tierra una vela se
extingue    la ciudad
se despierta
con una canción en la
boca y la muerte en los ojos

y es la aurora
el mundo
sale a asesinar sueños…

miro la calle donde unos hombres
fuertes extraen pan
y veo los brutales rostros de
gente satisfecha horrible desesperada cruel feliz

y es de día,

en el espejo
veo a un hombre
frágil
que sueña
sueños
sueños en el espejo
y es
el anochecer        en la tierra

una vela se enciende
y es de noche.
la gente está en sus casas
el hombre frágil está en su cama
la ciudad

duerme con la muerte en la boca y una canción en los ojos
las horas descienden
vistiéndose de estrellas…

por la calle del cielo la noche camina esparciendo poemas

***

cuando las serpiente negocien su derecho a reptar
y el sol se declare en huelga para conseguir un sueldo decente-
cuando las espinas miren alarmadas a sus rosas
y los arcos iris cuenten con un seguro de vejez

cuando los tordos no puedan cantarle a la luna nueva
si todas las lechuzas no han aprobado su canto
-y las olas firmen sobre la línea de puntos
para que un océano no se vea obligado a cerrar

cuando el roble pida permiso al abedul
para hacer una bellota-cuando los valles acusen
a sus montañas de ser altas-y marzo
denuncie a abril por saboteador

entonces creeremos en esa increible
humanidad inanimal(pero no antes)

***

el corazón de este hombre

es fiel a su
tierra;así que
el mundo de los demás
no

-le interesa(gracias a la
mirada
tacto sabor olor
& sonido
de un silencio capaz de

adivinar

ex-
actamente
lo que hará
la vida)no  ama

nada

tanto
como(antes
de lle
-g-

a

-r)un copo de nieve bal-
ancéandose
,en
su camino a ninguna

-parte

***

en algún lugar adonde nunca he ido gozosamente más allá
de toda experiencia,tus ojos tienen su silencio:
en tu gesto más delicado hay cosas que me rodean,
o que no puedo tocar porque están demasiado cerca

tu mirada más leve me abrirá sin esfuerzo
aunque me haya cerrado como unos dedos,
tú siempre me abres pétalo a pétalo como abre la Primavera
(tocando hábil,misteriosamete)su primera rosa

o si tu deseo fuera cerrarme,yo y mi vida
nos cerraremos muy delicadamente,de repente,
como cuando el corazón de esta flor imagina
la nieve cayendo cuidadosamente por todas partes;

nada de lo que podamos percibir en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad:su textura
me domina con el color de sus países,
produciendo muerte y eternidad a cada latido

(no sé qué hay en ti que se cierra
y se abre;pero algo en mí comprende
que la voz de tus ojos es más profunda que todas las rosas)
nadie,ni siquiera la lluvia,tiene unas manos tan pequeñas

***

de la mentira del no
surge una verdad del sí
(que sólo es ella misma e
infinita)

haciendo que los idiotas entiendan
(como yo en invierno)que
todos los engendros del pensamiento
no valen una violeta

(e. e. cummings. Buffalo Bill ha muerto (Antología poética 1910-1962). 6a ed. Selec. y ed. Miguel Ángel Muñoz Sanjuán y Antonio M. Figueras. Trad.  José Casas. Madrid: Ediciones Hiperión, 2014)

 

me gusta mi cuerpo cuando está con tu

me gusta mi cuerpo cuando está con tu
cuerpo. Es así una cosa tan totalmente nueva.
Mejores músculos y nervios más.
me gusta tu cuerpo. Me gusta lo que hace,

me gustan sus cómos, me gusta sentir la columna
de tu cuerpo y sus huesos y la temblorosa
-firme-suave idad y lo que he de
una y otra y otra vez

besar, me gusta besar esto y aquello de ti.
me gusta, acariciando lentamente la, pelusa sacudida
de tu piel eléctrica, y lo-que-sea aparece
sobre la carne que se abre… Y los ojos grandes migajas de
amor,
y posiblemente me gusta la emoción
de bajo mí tú tan totalmente nueva

puedo apretar? dijo él

puedo apretar? dijo él
(voy a gritar dijo ella
sólo una vez dijo él)
qué divertido dijo ella

(puedo tocar? dijo él
qué tanto? dijo ella
bastante dijo él)
por qué no? dijo ella

(vamos dijo él
no muy lejos dijo ella
qué es muy lejos dijo él
donde estás dijo ella)

puedo quedarme? dijo él
(cómo? dijo ella
así dijo él
si me besas dijo ella

puedo moverme? dijo él
es amor? dijo ella)
si lo deseas dijo él
(pero me matas dijo ella

pero es la vida dijo él
pero tu esposa dijo ella
anda dijo él)
ay dijo ella

(qué rico dijo él
no pares dijo ella
oh no dijo él)
despacio dijo ella

(vvienes? dijo él
ummm dijo ella)
eres divina! dijo él
(eres Mío dijo ella)

(Más de dos siglos de poesía norteamericana I. Ed. Eva Cruz. México: UNAM, 1993. Trad.. Enrique L. Revol y Marina Fe, respectivamente)