Poemas para antes y después de navegar


  • Vasko Popa

    25

    Soy el suelo amarillo
    Del cuarto vacío donde estás sentada
    Solo para que tu sombra me consuele

    Soy también la escalera de madera
    Por la que bajas del cuarto a la calle
    Solo para que con tu sombra juegue

    Soy el follaje seco
    En las calles que transitas
    Para que tu sombra escuche

    También soy roca desnuda junto al camino
    Por el cual te alejas
    Para que tu sombra me vista

    13

    No te burles monstruo

    Ocultaste la navaja bajo el pañuelo
    Te pasaste de la raya metiste una zancadilla
    Arruinaste el juego

    Para que se me voltee el cielo
    Para que el sol reviente mi cabeza
    Para que se desparramen mis trapitos

    No te burles monstruo del monstruo

    Devuélveme mis trapitos
    Yo te devolveré los tuyos

    Nadería

    Dormías nadería
    Y soñabas que eras algo

    Algo se incendió
    La llama se retorció
    En ciegos tormentos

    Te despertaste nadería
    Y calentaste la espalda
    En la llama del sueño

    No viste los tormentos de la llama
    Los mundos enteros de tormentos
    Corta de vista es tu espalda

    Te dormiste de nuevo nadería
    Y soñaste que no eras nada

    La llama se extinguió
    Sus tormentos abrieron los ojos
    Y también se extinguieron felices

    5

    La loba se levanta sobre sus patas traseras
    Al pie del cielo

    Se levanta junto con los lobos
    Petrificados en su vientre

    Se levanta despacio
    Entre el mediodía y la medianoche
    Entre dos guaridas lobunas

    Se levanta con dificultad
    Liberando de una guarida su hocico
    De la otra su grande cola

    Se levanta con un grito salado
    Atorado en su garganta seca

    Se levanta muerta de sed
    Hacia un punto claro en la cima del cielo
    Hacia el abrevadero de estrellas fugaces

    Lección de poesía

    Estamos sentados en un banco
    Abajo del busto del poeta Lenau

    Nos besamos
    Y así de paso hablamos
    De versos

    Hablamos de versos
    Y así de paso nos besamos

    El poeta mira hacia alguna parte
    A través de nosotros
    A través del níveo banco
    A través de la grava del sendero

    Y calla con tanta belleza
    Con sus hermosos labios de cobre

    En el Jardín de la ciudad de Vršac
    Despacio voy aprendiendo
    Qué es lo primordial en la poesía

    4

    También tú
    Con pelo de lluvia y pómulos de viento
    Tambien tú regrésate

    ¿Por qué te me apareces
    En los vuelos de mariposas de cal

    Aquí carezco de corazón

    Ante la pared
    Yo mismo me convierto en pared

    (V. Popa. El cansancio ajeno. Poesía completa. Trad. Dubravka Sužnjević. México: Vaso Roto Ediciones / Universidad Autónoma de Sinaloa, 2012)


  • José Juan Tablada

    La tortuga

    Aunque jamás se muda,
    a tumbos, como carro de mudanzas,
    va por la senda la tortuga.

    La luna

    Es mar la noche negra;
    la nube es una concha;
    la luna es una perla…

    Los zopilotes

    Llovió toda la noche
    y no acaban de peinar sus plumas
    al sol, los zopilotes.

    Chapulín

    Atrio en la aldea cálida
    chapulín volador:
    abanico y matraca.

    Abraxa

    Como un diamante sobre el terciopelo
    de un joyero de ébano sombrío,
    abandona tu amor sobre mi hastío
    la adamantina claridad del cielo.

    Rugió la tempestad…: muerte de frío
    en ti —jardín en flor— posé mi vuelo,
    y te bañó mi torvo desconsuelo,
    ¡oh lirio!, en vez del matinal rocío.

    ¡Y ni un suspiro de tristeza exhalas!
    Y dejas que mi frente pesarosa
    empolve con sus pésames tus galas,

    ¡y que te abrace al fin m i alma tediosa
    como crispa un murciélago sus alas
    sobre el cáliz fragante de una rosa!

                                        1900 – El florilegio 1904

    Ónix

    Torvo fraile del templo solitario
    que al fulgor de nocturno lampadario
    o a la pálida luz de las auroras
    desgranas de tus culpas el rosario…
    ¡Yo quisiera llorar como tù lloras!

    Porque la fe en mi pecho solitario
    se extinguió, como el turbio lampadario
    entre la roja luz de las auroras,
    y mi vida es un fúnebre rosario
    más triste que las lágrimas que lloras…

    Casto amador de pálida hermosura
    o torpe amante de sensual impura
    que vas —novio feliz o amante ciego—
    llena el alma de amor o de amrgura.
    ¡Yo quisiera abrasarme con tu fuego!

    Porque no me conmueve la hermosura,
    ni el torpe amor, ni la pasión impura;
    porque en mi corazón dormido y ciego
    ha caído un gran soplo de amargura,
    que también pudo ser lluvia de fuego…!

    ¡Oh guerrero de lírica memoria
    que al asir el laurel de la victoria
    caíste en tierra con el pecho abierto;
    para vivir la vida de la gloria
    ¡Yo quisiera morir como tú has muerto!

    Porque al templo sin luz de mi memoria,
    sus escudos triunfales la victoria
    no ha llegado a colgar; porque no ha abierto
    el relámpago de oro de la gloria
    mi corazón obscurecido y muerto.

    ¡Fraile, amante, guerrero… yo quisiera
    saber qué obscuro advenimiento espera
    el anhelo infinito de mi alma…
    Pues de mi vida en la tediosa calma
    no hay un Dios, ni un amor, ni una bandera!

                                                    1893 – El florilegio 1904

    Los ojos en blanco

    Sobre la yerba estrujada,
    bajo la fronda sombría,
    te recliné desmayada
    cuando la tarde moría.

    Miré tu faz sonrosada
    que pálida se volvía,
    y sentí tu boca helada
    bajo el ardor de la mía…

    Y antes de que agonizante
    quedara sobre tu flanco
    clavado el viril anhelo,

    ¡miré en el supremo instante
    hasta tus ojos en blanco
    bajar el oro del cielo!

                            Al sol y bajo la luna 1918

    (José Juan Tablada. Sel. y pról. Antonio Saborit. México: Ediciones Cal y Arena, 2008)


  • Rossella Di Paolo

    Enigma

    El castillo ha llegado con el viento
    con la lluvia se han abierto las banderas
    como soles.
    (Pasa el rey con su sonrisa
    incrustada en la corona)
    Los muros estiran su piel de tambor
    en tanto doblan cabezas las campanas
    y la hierba arde tres siglos
    bajo los pies de los hombres
    enzarzados en la danza.

    El cuerpo donde habito

    I
    Todo este buen objeto que es un cuerpo:
    sus brazos flacos despegados por arriba
    sus alocadas piernas cortadas hacia abajo
    y en el medio el pedacito de torso
    con su corazón puntual, sus riñones limpios
    y este pulmón que se asoma a la ventana
    y conversa con el otro
    sobre si el cerebro encabezado, si la boca armada
    si las altas hogueras parpadeando al unísono.
    Ah este cuerpo alegre como un perro chico
    con su sexo despierto saltando en la puerta.
    Sin este honroso cuerpo, duro y claro,
    sin su lúcida arquitectura
    de huesos quietos y pellejo alzado
    dónde habitaría y cómo
    tanta tierra acongojada nada?

    II
    En los brazos de mi cuerpo estoy
    en sus pies me alzo y ando.
    De mi cuerpo soy hija única
    y en su piel me sumerjo entera.
    Sin mi cuerpo no hay voz
    ni mi voz ni tu voz
    sin las orejas de mi cuerpo
    ni tu cuerpo sin los ojos del mío
    sin sus manos.
    Me ama este cuerpo que yo habito
    me abre sus ventanas y me teje
    y desteje cada día que me asomo.
    Es él quien fabrica las palabras
    la conciencia de estar / de ser aquí
    porque así lo quiere
    y si no lo quiere entonces nada
    de nada.

    Las altas distancias

    Si yo escribo tu nombre en la arena
    y tú escribes mi nombre en la arena
    pero en esta playa
    es que hemos descuidado las cosas
    hemos dejado crecer el mar como hierba mala
    y habrá que arrancarlo con cuidado
    hasta allanar la arena de esa playa
    donde puedas escribir mi nombre y rozar el dedo
    que está escribiendo el tuyo despacito.

    Al hipócrita lector

    Sólo estas palabras que junto frente a tus ojos
    como un montón de basura
    para que tropieces cada vez que salgas
    silbando a la calle
    mil veces además porque escribo en Lima
    y están de huelga los muchachos del alcalde
    los tristes, los olvidados muchachos de la orquesta
    con su camión ón ón y su triángulo recolector
    de cajas y bolsas reventando de palabras
    y otras inmundicias.

    Cesare P.

    Sé que lo tuyo es revolverse entre las brasas
    arrancarte los cabellos
    y las barbas si las tuvieras
    aplastar con los dedos la más pequeña luz antes que crezca
    como una espada de sol
    que te arroje de ese fosco paraíso
    que levantaste a pulso, severamente,
    y con exactas lágrimas regaste.
    Oh señor de la voluntad y del fierro,
    oh cáustico,
    sé que bajo tus pasos terribles no vuelve a crecer la hierba
    que tu aliento parte las sillas en dos
    en tres la fiesta.
    Sé que fui el ratón entre los anillos
    de la serpiente de fuego,
    el gato atrapado sobre el témpano de hielo.
    No soy digna de que entres en mi casa:
    hay demasida luz en ella,
    verdes pastos, blandas camas,
    pero una palabra tuya bastará para derribarla.

    (R. Di Paolo. Poesía reunida, 1985-2016. Presentación Ana María Gazzolo. México: FCE, 2023)