Blaise Cendrars

Carta

Si me escribes dijiste
No escribas todo a máquina
Agrega una línea de tu mano
Una palabra nada oh cualquier cosa
Si sí sí sí sí sí sí sí

Mi Remington es hermosa por eso
Me gusta mucho y trabaja bien
Mi escritura es limpia y clara
Se nota perfectamente que yo la he tecleado

Hay espacios que sólo yo con destreza
Muestro al ojo que tiene mi página
Sin embargo para complacerte añado con tinta
Dos tres palabras
Y una gran mancha de tinta
Para que no puedas leerlas

La Cabina nº 6

La ocupo
Yo debería vivir siempre en este lugar
No le encuentro ningún mérito a quedarse aquí encerrado y a
trabajar
Por lo demás yo no trabajo yo escribo todo lo que pasa por mi
cabeza
Bueno no todo
Porque montones de cosas me pasan por la cabeza pero no
entran en mi camarote
Veo en una corriente de aire el ojo de buey muy abierto y el ventilador ruidoso
No leo nada

Sobre la ropa ella tiene un cuerpo

El cuerpo de la mujer es tan protuberante como mi cráneo
Gloriosa
Si con espíritu te encarnas
Las modistas ejercen una profesión tan ridícula
Como la frenología
Mis ojos son kilos que pesan la sensualidad de las mujeres
Todo lo que huye brota avanza hacia la profundidad
Las estrellas surcan el cielo
Los colores desnudan
“Sobre la ropa ella tiene un cuerpo”
Bajo los brazos de los brezos manos viriles y pistilos mientras
las aguas se vierten en la espalda con omóplatos glaucos
El vientre un disco que se mueve
El doble casco de los senos pasa bajo el puente del arco celeste
Vientre
Disco
Sol
Caen gritos perpendiculares de colores sobre los muslos

Mi danza

Platón no le otorga derecho de ciudadanía al poeta
Judío errante
Don Juan metafísico
Los amigos, los parientes
Aún no tienes costumbres ni hábitos
Debemos escapar a la tiranía de las revistas
Literatura
Vida pobre
Orgullo desplazado
Máscara
La mujer, la danza que Nietzsche quiso aprendiéramos a
danzar
La mujer
¿Y la ironía?

Vaivén continuo
Proxenetismo
Todos los hombres, todos los países
Es así como tú no llenas
No sientes más…
Soy un señor que en fabulosos vagones atraviesa siempre las
mismas Europas y mira descorazonado por la portezuela
El paisaje ya no me interesa
Pero la danza del paisaje
La danza del paisaje
Danza-paisaje
Paritatá
Gírolo todo

Febrero de 1914

(Miguel Covarrubias. El traidor II. Poetas franceses y alemanes de los siglos XIX y XX. Edición bilingüe. México: Universidad Autónoma de Nuevo Léon / ALDUS, 2012)

Dulce María González

Las almas

Los ángeles de Rilke se mudaron a esa calle
ese número de casa
hundidos en libros cruzaban el abismo
los corredores y arcos donde amanecían
las ruinas de la casa señorial
bajo tejados marselleses velaban el sueño
de los trabajadores del henequén
muertos en tablas de la biblioteca
noticias de la hacienda de San José
ha enfermado la niña que después fue madre
de la madre
mientras en el patio las risas de los ángeles
y la bestia diminuta en mi regazo
sus ojos de animal pequeño
su desdén

Allá dentro navegan

Sentada en la cama me veo:
las manos húmedas y fibrosas
el tronco entumecido
retoños entre las piernas
y la vida en pausa
Oculto en el bastión de mis rodillas
está el mar
y el amplio vestido de algodón
como sendero de aire
por donde se fueron

Inventario

Está la hacienda que ahora es hotel
humedad costera
golpe de la sangre en la selva
que fue de la abuela
chaya en el plato
Están las mujeres anteriores
a mi biblioteca
el ardiente Caribe y aquella fotografía
entre mis libros perdidos
tiene 30
ojeras falsas
una banda en la frente
ropa de la era del Charleston

Las palabras

Líneas de la vida como cicatrices
vías del ferrocarril por donde partes
metida en tu piyama
dispuesta a rasgar el velo
mientras los niños duermen
a tu lado

(D. M. González. Lo perdido. Pról. Antonio Méndez Rubio. Madrid / México: Vaso Roto Ediciones / Universidad Autónoma de Nuevo León, 2014)

Mercedes Roffé

XIII

catedrales
que alguien
construye
a voluntad

cabañas de humo
donde
se cobija
la espera inexpugnable

a uno y otro lado
se oye
agonizar
un instrumento
tañido por el agua

se arremolina en el aire
el son
luctuoso

se empina
y cae

como caen

tres gotas de sangre
sobre la nieve

XX

entre el ser
luminoso
y el sombrío
se abate
un invisible frente
marino
capaz de entrar / corporeizarse
espectral / histriónicamente
entre los impasibles
bucles
de la noche
ávidos / voraces
de cohabitar
las fauces / las entrañas
de las más tortuosas
formas de espera:
sus fallas y oquedades
sus fosos
sus resquicios
sus caries
sus fisuras
sus brechas, sus rendijas
sus huecos, sus ranuras
sus claros, muescas, rajas
y res-
quebrajaduras

XXVI

roca lunar
roce secreto
de un pie
infantil
en la siesta del patio

asperezas
recién lavadas

sonámbulo arlequín
pispeando
tras el postigo
más sensual de la casa

III

tras el cristal
-ausente
contraído-
el semblante sumido
en su propia
niebla
-en su vacío-
deja
que el desdén
-quizá el olvido-
le trace
terco
una mueca perenne

XV

como a golpes de timón
rigen la línea
las gotas
cargadas
de tinta agonizante

aguada desleída, parda y sucia
deslizándose
ocre y silente
por la rugosidad de la grieta
-la urdimbre, el grano-
tallada en el papel

reguero que se precipita
por la sinuosa vertiente
preñando el suelo
-ajeno y ávido-
de líquida memoria

(M. Roffé. Carcaj: Vislumbres. Madrid: Vaso Roto Ediciones, 2014)