Poemas para antes y después de navegar


  • José Agustín Goytisolo

    Adiós

    Señor de todas las cosas
    que yo tuve: escúchame.
    Nada de lo que tenía
    me sirvió para después.

    Nada de lo que tenía:
    ni la mirada más pura
    ni el amor ni la esperanza
    ni tan solo la alegría.

    Señor de mis ilusiones
    perdidas. Olvídame.
    Ojalá que en mi camino
    no te cruces otra vez.

    Alta fidelidad

    Entre todos los ruidos de la noche
    yo distingo sus pasos. Sé
    cómo va vestida; lo que piensa;
    qué música prefiere. No me importa
    su nombre o dónde vive
    en la casa de quién. Y todavía
    mucho menos aún qué hará mañana
    y hacia dónde se irá: qué oscuros trenes
    la envolvierán con su jadeo sordo:
    qué manos retendrán su mano fría.

    Ella camina ahora y yo la siento
    cerca de mí; real; cansada; siempre
    con ojos asombrados esperando
    que algo nuevo suceda; algo que cambie
    el monótono ritmo de las horas:
    un gesto acaso que ella entendería
    y no sabe cuál es. Solo la noche
    acompaña sus pasos desolados
    le da cobijo entre las multitudes.
    Solo la noche —como yo— la espera.

    Con gozo y arrebato

    Deseó que los brazos
    rodearan su cuerpo
    y sentir luego el roce
    de otra piel en su piel.
    Y pronto vio cumplido
    lo que ahora anhelaba
    con gozo y arrebato
    y reía y se holgaba
    muy dentro de sí misma
    y volvía a su infancia
    jugando al ganapierde.
    La noche que habitaban
    seguía rumorosa
    amparando sus cuerpos
    como un batir de alas.

    Hora que ansías

    Tienes envidia de ti mismo
    de lo que fuiste: del deseo
    de morir joven y escapar
    hacia la luz hacia la nada.
    Mas al dejar pasar los años
    te aferraste a la poesía
    como el enfermo —bien lo sabes—
    quiere creer en un remedio.
    Desde entonces y libro a libro
    has flirteado con la muerte
    aplazando el tiempo que falta
    para que acabe la función.

    Cuando la niebla

    Cuando la niebla sube de los campos
    recién labrados es tal un fantasma
    que luego se deshace como hilachas
    de algodón. Forma rostros y figuras
    que él quiere recordar y que no puede
    porque todas sus formas son huidizas.
    Las personas que amó y que ya no existen
    escapan de la tierra como hurtándose
    de sus recuerdos que también se borran.
    Cuando la niebla está desvaneciéndose
    dan ganas de fundirse y escapar.

    (J. A. Goytisolo. Poesía completa. Ed., pról. y notas Carme Riera y Ramón García Mateos. Barcelona: Lumen, 2022)


  • Chantal Maillard

    Sin

    Llegar a otro. Sin

    otro. Sin llegar a.

    No apretar los dientes

    Soltar la presa. Sin.

    El círculo

    Trazar un cero en la nada.
    Indefinidamente
    Trazar la nada en un círculo.
    Apresada en el círculo trazando
    nada. Ocuparse en el
    círculo. Ocuparse.
    En nada. En la nada
    —¿la nada?— una oquedad.
    Ocupar una oquedad.
    Una oquedad de sueño, la vigilia.
    Entre sueño y sueño. Una oquedad
    ocupada, ocupándose
    en nada.

    La angustia es esa nada
    que de pronto florece
    en la oquedad.

    Dime

    Partir, quedar, querer. Dejar
    de querer. Dime lo que he de hacer.
    Rituales. Dime. No preguntes,
    dispón. Dejar de querer. Sin
    respuestas. Sin voluntad. Para estar
    aquí. Más. Cuéntame una historia
    que no tenga final. Que no
    tenga principio. No preguntes,
    dispón. Partir, quedar, contar.
    No dejes de contar.

    Dime qué fue de mí.

    La caja

    Llevarla arrastrando de una
    habitación a otra.
    Ver cómo se amontona el
    serrín en las esquinas.
    Barrer —aquí también, qué extraño—.
    O quién sabe si el agua,
    formando sólido.
    Mejor barrer. O bien
    irse. Arrastrando la caja.

    No es fácil ofrecer cobijo
    cuando se lleva a rastras
    una caja vacía.


    Me llamo Desamparo
    Duermo de pie como las bestias


    Eran una
    sola resonancia
    de infinitas voces
    retumbando en el caos.

    Labios vendados / almas
    vendadas

    y en la boca-túnel
    la herida.

    (Ch. Maillard. Lo que el pájaro bebe en la fuente y no es el agua. Poesía reunida, 2004-2020. 2a ed. Ed. y est. prel. Virginia Trueba Mira. Posdata Miguel Morey. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2024)


  • Jorge Humberto Chávez

    Crónica de mis manes

    mi padre tuvo la sabia idea de refugiarse en un hospital

    y morirse el mismo día

    en que el pueblo votó al nuevo gobierno

    y no alcanzó a ver

    que empezamos a caer como moscas

    primero los del otro lado de la ciudad

    luego los de la colonia contigua más tarde los conocidos

    después los vecinos

    y finalmente el atardecer nos regaló la muerte del amigo

    y del hermano

    y la ciudad como un animal en cacería y los automovilistas que
    avanzan pronto pronto observando de reojo al conductor de
    al lado que vigila por el retrovisor al conductor de atrás

    mientras el policía el magistrado y el ladrón se ponen de acuerdo
    y dicen ahora vas tú y luego sigues tú y el animal empezó a perder
    el resplandor de su pelaje y más tarde la piel

    mírate ahora convertido en un pequeño animal

    con los ojos en las cuencas de sus hijos

    vagando ciego y sin corazón por la ciudades

    Cumpleaños

    El mundo es sencillo cuando tienes nueve años la lluvia por ejemplo
    siempre corre del poniente lavando los guijarros de la calle

    no hay este: sólo norte y poniente la palabra sol es del poniente
    la palabra río queda en el norte la palabra mojado norte también

    guerra significa Forts Bliss o Vietnam y la palabra papá significa
    Denver o un viejo chevrolet esperando a su dueño

    papá es norte la palabra país era difícil no era poniente ni norte país
    parecía decir ciudad algunos la usaban mejor como barrio

    al amparo de la montaña Franklin que era norte y los atardeceres
    y las lluvias ponientes apareció la palabra sur

    ese mismo día llegó la palabra masacre: era igual a trescientos
    estudiantes abaleados de pronto en una plaza

    país no era entonces el refugio era más bien una extraña frontera
    donde pasaban cosas que no se podían referir

    madre es como una gran charola de pan dulce y la palabra país más
    bien se trata de que no tengas panes en la mesa

    no es difícil entonces comprender lo que son a los nueve años
    la palabra masacre la palabra sur la palabra país

    El río

    La ciudad es una. Un río sucio la parte en 2: ciénaga de sudores.
    La poesía es muchas: palabras que transmutan apenas cruzas este río.
    Una mirada escruta desde los arbustos el paso verde en el agua.
    Aquí es el fin del cerrado corazón, el término de un país huérfano;
    aquí comienzan otros significados.

    El río rojo separa a la ciudad y en cada universo arma su historia
    de fiesta o pesadilla. Apenas se traspone el linde la misma voz ora
    otra realidades. Desde esta orilla hay la sangre sobre las piedras
    y enfrente el arma todavía busca su blanco: piel bañada de lunas
    magras contra el silbido del metal. Pero la ciudad es una sola.

    Hay un río negro avanzando en medio de la ciudad, un río armado
    de noche entre las astas de los edificios. Divide a la ciudad en negro
    y blanco. El sur es un grito; el norte es una fiesta de luz. Este río
    avanza bajo los puentes como una daga segando algodonales.
    Duele y canta la ciudad, pero bajo la luz del sol es una sola.

    Another road poem

    avanzar solamente con un tigre dormido en el mismo centro de
    los ojos

    el mundo entero en el retrovisor haciéndote señales de un urgente
    retorno

    el mundo todo frente a ti es un precipicio horizontal que no conoce
    término

    ah el hombre que lleva su corazón ardiendo y no puede quitarse
    el amor de su piel

    firmes las manos en el volante vigilado por las girantes estrellas
    del norte

    el largo tren que atraviesa una ciudad abandonada silba para espantar
    los sueños de nadie

    tu auto lanza hacia el disco de la luna pequeñas briznas
    de amarillentos céspedes

    rompiendo la silente burbuja del tiempo con el siseo del motor

    ah la vida que te llama en esa extensa noche para llevarte a un día sin
    epílogo

    ah la muchacha fantasma subida en el estribo con su puro doler
    observando al hombre que conduce

    Prosa sobre el final

    Llega lenta la claridad y unge los objetos cercanos,
    como la taza de café y el lápiz
    que están esperando el toque de mis dedos.
    Las cosas despiertan.
    Yo tengo algo en mí que observa y desconfía del amanecer.
    Mente y contemplación sobre el rumor
    apenas sentido de la sangre
    corriendo tras mis pensamientos y mis ojos.
    Lejos se escucha el ladrido de un perro perturbando al sol.
    Alas antiguas que rozan los pliegues
    del aire pasan junto a la ventana.

    El día que hoy amanece
    sabe que no llegará a destino alguno,
    y tú estás dormida en la otra recámara
    fuertemente sostenida de tu sueño
    como si alguien llegado a tu dormir
    te lo hubiera dicho.

    (J. H. Chávez. Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto. 2a ed. México: FCE, 2023)