Idea Vilariño

Te estoy llamando

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

(1957)

Casi todas las veces

Conozco tu ternura
como la misma palma de mi mano.
A veces entre sueños la recuerdo
como si ya la hubiese perdido alguna vez.
Casi todas las noches
casi todas las veces que me duermo
en ese mismo instante
tú con tu grave abrazo me confinas
me rodeas
me envuelves en la tibia caverna de tu sueño
y apoyas mi cabeza sobre tu hombro.

(1969)

Ahora soy una mano,
una mano tendida,
una mano vacía,
abierta, azul y helada.

Para qué las violetas
y para qué la vida.
Para nada.

Ahora soy unos ojos,
unos ojos sin llamas
que se alargan vacíos
en la luz desolada.

Para qué los jazmines
y para qué la vida.
Para nada.

¿Y las claras estrellas
y las hojas caídas
y los libros azules
y las cuerdas del arpa
y los brazos en alto
y las manos transidas
y los gritos del cuerpo
y los gritos del alma?
Ah, no sé, ya no sé.

He quemado mi frente,
he quemado
los candores más íntimos,
la más alta esperanza,
he quemado mis panes
y he quemado mis trigos,
he quemado mi tierra
y he quemado mi agua.

Y ahora qué.
Ah, los ojos,
estos ojos sin nada.

(1941)

Si no quiero

Si no quiero
si no estoy esperando
si es mentira
si lo hago por vivir
por ir pasando
si estoy aquí sin sueños
sin esperanza y
sin nada que me sirva
ni le sirva a la vida
y los miro sin asco
con paciencia
y me digo
se creen todo se
dedican a la vida
sufren
no dudan nunca
miran besan se ríen
y sin sospechar nada
aseguran que aman.

(1952)

Todo es muy simple

Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aun así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito
mi tiempo.

(1962)

Este dolor, raíz, esencia de este
pobre cuerpo que habito, que soy,
que me hace ser,
este dolor sin ecos,
de pétalo arrancado,
que a veces totalmente se vacía en mi forma,
que es como una ventana cerrada al infinito.
Este dolor oscuro, rasgado, delirante,
ese dolor que a veces tiene mi misma forma,
que me hacer creer que soy,
sin cuerpo, sin sentidos, sin dolor,
sólo un grito en la sombra.
Este dolor de fuego quemando mis paredes,
consumiendo mis noches en su llama amarilla,
este dolor de grito desgarrado,
de luna destrozada.
Este dolor, mi vida, esta agonía.
Este dolor, mi cuerpo.

(1942)

(I. Vilariño. Poesía completa. Barcelona: Lumen, 2016)

Martha Favila

Como tener un estropajo
en vez de lengua,
como sentir metal entre los dientes,
como querer gritar y tener
una cuerda que corta la garganta.

Hay sentimientos que se quedan atorados
como las burbujas que agito
de un refresco:
presión en movimiento
sin escape.

***

No saber sobre la propia muerte
alimenta el ansia de la espera.

Es una herida punzante,
es la punta de un tallo que vencido
se aproxima
a la tierra.

¡Ay multitud de mí
con la nostalgia en todo el cuerpo!

***

Caras nuevas
corazones viejos,
desechados,
flácidos,
sosos,
falsos,
vanos;

hacia allá
tus pasos decididos,
hacia todo aquello
que es la nada.

***

Cuando la imagen
desaparezca de mis ojos
tejeré la silueta
de tu cuerpo
con hilos arrancados
a tu sombra

***

El sol es distinto
en soledad:
toca la piel, la besa
sin besarla; se siente
apenas como el vaho
de un suspiro.

***

Cuando me miro al espejo
y me doy cuenta
que soy la misma de todos los días
me maquillo
en cuerpo y alma.

(M. Favila. La frente de las cosas. Poesía reunida 1988-2008. Pról. Antonio Deltoro. Santiago de Queretaro, México: Instituto Queretano de la Cultura y las Artes, 2008)

José Moreno Villa

El tapiz persa

Pasan tus ojos inquietos
por el tapiz oriental…
Signos de cábala, enigmas,
policromías, quizás
por el bosque de sus líneas
caminando, pensarás
que estas rayas que se cruzan,
y que vuelven y se van,
y se rizan locamente,
las trazó tu pie al andar.

Tu pie, pobre pie de ciego,
que no sabe a dónde va,
ni por qué es dura la tierra,
ni por qué tiene que andar…
Pie de ciego, que ha pintado
de carmín la blanca paz
del sendero, y consentido
su esperanza derramar,
como un hilo verde, encima
del tapiz de la verdad.

XVI

La nube del recuerdo, ligera y fugitiva
me devolvió a la selva; la de mis agonías.

Deber y afán luchaban su lucha sempiterna.
Yo los miré con ojos muertos, de indiferencia.

Aquellos fuertes brazos clamorosos, enhiestos,
de la selva, miraban derrotados al suelo.

La ternura del verde mocil y floreciente,
se tiñó de amarillo como los penitentes.

De fijo está el horario sobre la hora negra
-me dije-. Y una voz congelada y abyecta,

vaticinó: <<La ira de Dios será contigo.
Acabarás en llamas; en el cielo está escrito.

Un amor muerto clama sin paz ni sepultura.
Tu rigidez ha muerto al amor en su cuna>>.

Cantar siempre

La labor pide canto. Canto pide el trabajo.
Se mitiga cantando la fatiga;
y cantando se engríen y estimulan
los destinados a forjar el mundo.

Somos sus forjadores. Nuestro mundo
no es solamente la manzana Tierra.
Nuestro mundo es la faz que le imprimimos.
La faz terrestre cambia bajo el ritmo,
y la palabra de nuestras canciones.

Hay que cantar en la secante brega;
un canto de minero,
un canto de trillero,
un canto de marino,
un canto de soldado,
un cántico de vuelo en noche altiva.

Y no importa que el canto sea de llanto.
Hay quien llora de alegre suspensión.
Los miedos de la vida sobrepasé cantando.
Cantando me apercibo al miedo de la muerte.

(Antología Cátedra de Poesía de las Letras Hispánicas. Selec. e introd. José Francisco Ruiz Casanova. 11a ed. corr. y aum. Letras Hispánicas 500. Madrid: Cátedra, 2014)