Jamel Eddine Bencheikh

Noche 1002a

Te desnudo para tomar la
medida del cielo
mi paciencia es vertical
un insecto atravesado por un alfiler gemirá de luz
me miras y como una ciudad
tranquila
me abres tus calles remolinos
escribo en ti un sueño
hasta la última sangre
su secreto en mis puños abre
su letra naranja
ilumino la vida en tu cadera
y soberano último de mi cuento
completo la historia del mundo

20 de enero

Muerto como un árbol ennegrecido

La calle se recoge sobre sí misma
Los hombres tienen esos ojos que en sueños
Llaman de lobo
Pero los lobos han desertado del invierno

Y los ríos se desvisten de promesas

En una habitación desconocida
Siempre hay una agonía
Sin riesgo de ser vista
Que se arrodilla

Hasta el eco renuncia a su soledad

Justo al final del sueño la punzada
Como un peligro inflama el párpado
La nuca se ancla a la almohada
Para escapar de la agitación

Los dedos trabajan en otras inquietudes

Soledad

Ese techo lo advierto desde lejos
Escondido en la bruma de los bosques
Antes de la noche
Respirando solo humo
Me bastarían minutos
Para llegar a su puerta
Reconocer los rasgos de un rostro
El olor de una vida
Pero la mirada se suspende en las nubes
Y en el deseo absoluto
De otro lugar que me traspasa

¿No he imaginado yo mismo
Cortinas de oscuridad
Para ya no escuchar eso que fue
No adivinar nada en la espera
Ignorar esos caminos obstruidos
Donde me mato paso a paso
Para construir un futuro macilento?

5 de diciembre de 2002

Poema

Los signos revolotean como moscas
Buscando ranuras donde posarse
Mientras las manos se desuellan
Sobre el cuero de cualquier intensión

La tinta sigue los surcos habituales
De inertes frases
Que se agarran
A lo que creen pensamientos

Y entonces a tachar a rayar a deshacer
A borrar hasta romper la hoja
Sin encontrar nunca una llave
Que abriría la puerta intacta

De lo impensable
De donde brotaría hechizada
La frase virgen
Para un desierto de sedientos

(J. E. Bencheikh. Mientras exista el mar. Pendant que la mer existe. Antología. Sel. Philippe Cheron. Trad. Rossana Reyes y Ena Lastra. Prefacio Jean-Claude Xuereb. Ilustraciones Jean Chollet. Xalapa, Veracruz: Universidad Veracruzana, 2016)

Pura López Colomé

Idus

al Gaviero

Compás de respiraciones a lo largo de la tarde,
sombra de instantes negados a la conversación.
Como barcos pesqueros de madrugada,
como voces lejanas susurrándose secretos
en una lengua indiscernible.
Acaso sea un pabellón de moribundos,
vivos en la memoria de la salud sagrada,
velamen triste en espera del viento,
cualquier viento.

Pero no. Nadie agoniza.
A punto de matarse unos a otros,
quienes besan esta tierra
nada saben de compasión
o de naufragios.
Morirán inconsolados.

Después, las aves,
cumulus, cirrus que viajan
rumbo a la primera escena
del día siguiente:
el amor en plena convivencia
con los sueños.

Qué calma trae esta luz,
mar dragado de una vida contemplando.
Crepúsculos y auroras en vaivén
aún aguardan
a quien logre salir
abandonar su orilla.

Vuelapluma

Los ángeles tientan.
(Lo recordado
y el recuerdo,
alas sin borde.
Ni filo.
El agitarse leve
de las hojas
en el naranjal
aquel amanecer.
Y de qué modo rubricante.)

Hallé una pluma entre los surcos.
No respiraba.
La glotonería de arañas,
hormigas, escarabajos
ya pretérita.
Ninguna epifanía que abriera
un cierto espacio,
el de la pluma,
con hilos.

¿O es tierra fértil al borde?
¿Ser que parte en sílabas
la entraña del consuelo?
Que da limosna:
brasas cintilantes,
las partículas dan señas
de un destino.

Hojas secas caen
desde ningún lado.
En unos días
dibujarán su huella
en la fortuna.

Materia Médica

Y si un afilado escalpelo
rebana el umbral,
todo puede dar lugar
al instante
con sólo dejar entrar
el aire.
Parece mentira.
Así se mira el flujo
de la sangre
en los demás.
Desde la punta de los nervios
de los pies hasta el cerebro en simpatía
te busco.
Milagrosamente apareces dentro.
Me anestesias.
Con lujo de detalles,
la intimidad se reduce
a una silueta cuyas piernas
muestran los rasguños
de haber estado más allá.
Y hasta el quirófano se cuela una llamada.
Alma mía, escucho tu respiración,
el velamen de lo aún por significar.
Lo por contener dulzura.
Lo por sahumar la peste de la herida.
Lo por sanar.

Celda

Insistes
en mover montañas
bajo el manto
y a las faldas
de una opacidad
franqueable
ni por equivocación,
donde nadie se asoma,
donde la magnolia se ofrece
y además huele
de modo tal que
lo que se abra sean
candados de poros y párpados
y se escuche entonces
algo propio,
un alarido,
una llama
tras los biombos.

Espantapájaros

Mientras más verde la vara, que no la rama,
mejor cabalgarás a fuetazo limpio.
A mayor edad, más hondo el pantano,
más atroz el recuerdo, más vulgar,
más nítido, límpido, eficaz,
plomada que no se zafa
y se acaba de amoldar
a los talones.

Así me fui trotando en la yegua a pelo
contigo a mis espaldas cincelándome el oído.
Me diste alcance:
tu mano me tomó del cuello:
el tictac de tu reloj fundía muñeca
y base morfológica del cráneo
con el fuetazo natural
de un viento helado.

*

Una visión después,
juego de azar,
juego de manos,
ardid
que iba en serio.
A la vera del camino,
un ángel ataviado
con manta cruda;
sandalias de cuero burdo;
cabellera al aire;
agujeros de la imaginación
a modo de concavidades oculares.
Sin cabeza.
Un espantapájaros
hechizo
que imanta
amantes,
aves de este mundo.
Las domina.
Las trae comiendo de,
picando,
horadando,
la mano
imaginaria
de un jinete
en polvo.

(P. López Colomé. Poemas reunidos 1985-2012. México: CNCA, 2013)

Blaise Cendrars

Carta

Si me escribes dijiste
No escribas todo a máquina
Agrega una línea de tu mano
Una palabra nada oh cualquier cosa
Si sí sí sí sí sí sí sí

Mi Remington es hermosa por eso
Me gusta mucho y trabaja bien
Mi escritura es limpia y clara
Se nota perfectamente que yo la he tecleado

Hay espacios que sólo yo con destreza
Muestro al ojo que tiene mi página
Sin embargo para complacerte añado con tinta
Dos tres palabras
Y una gran mancha de tinta
Para que no puedas leerlas

La Cabina nº 6

La ocupo
Yo debería vivir siempre en este lugar
No le encuentro ningún mérito a quedarse aquí encerrado y a
trabajar
Por lo demás yo no trabajo yo escribo todo lo que pasa por mi
cabeza
Bueno no todo
Porque montones de cosas me pasan por la cabeza pero no
entran en mi camarote
Veo en una corriente de aire el ojo de buey muy abierto y el ventilador ruidoso
No leo nada

Sobre la ropa ella tiene un cuerpo

El cuerpo de la mujer es tan protuberante como mi cráneo
Gloriosa
Si con espíritu te encarnas
Las modistas ejercen una profesión tan ridícula
Como la frenología
Mis ojos son kilos que pesan la sensualidad de las mujeres
Todo lo que huye brota avanza hacia la profundidad
Las estrellas surcan el cielo
Los colores desnudan
“Sobre la ropa ella tiene un cuerpo”
Bajo los brazos de los brezos manos viriles y pistilos mientras
las aguas se vierten en la espalda con omóplatos glaucos
El vientre un disco que se mueve
El doble casco de los senos pasa bajo el puente del arco celeste
Vientre
Disco
Sol
Caen gritos perpendiculares de colores sobre los muslos

Mi danza

Platón no le otorga derecho de ciudadanía al poeta
Judío errante
Don Juan metafísico
Los amigos, los parientes
Aún no tienes costumbres ni hábitos
Debemos escapar a la tiranía de las revistas
Literatura
Vida pobre
Orgullo desplazado
Máscara
La mujer, la danza que Nietzsche quiso aprendiéramos a
danzar
La mujer
¿Y la ironía?

Vaivén continuo
Proxenetismo
Todos los hombres, todos los países
Es así como tú no llenas
No sientes más…
Soy un señor que en fabulosos vagones atraviesa siempre las
mismas Europas y mira descorazonado por la portezuela
El paisaje ya no me interesa
Pero la danza del paisaje
La danza del paisaje
Danza-paisaje
Paritatá
Gírolo todo

Febrero de 1914

(Miguel Covarrubias. El traidor II. Poetas franceses y alemanes de los siglos XIX y XX. Edición bilingüe. México: Universidad Autónoma de Nuevo Léon / ALDUS, 2012)