Poemas para antes y después de navegar

Li Cheng’en

Regalo del Frío

La estepa es llana
El arroyo refleja el sol
Estoy como un ser del otro mundo
Torpe de manos y pies
sin entender el sentimiento mundano

El frío es el primer regalo que me dio la estepa
Lo acepté
Me puse el frío
El corazón
se sintió caliente

He aceptado buenos vinos
He aceptado piedras
He aceptado antologías poéticas
He aceptado balas

Pero todavía no he aceptado
un regalo
del frío

Al señor Estepa

Señor, tu cara la corta el sol
Tu cara colecciona la luz solar, el sentido del sol
está cambiando, se vuelve más humano

Señor, no hay mucha sonrisa en tu rostro
Una persona con muchas sonrisas me da miedo
Le he tenido confianza a una persona sonriente
Sin embargo ahora, confío en la persona
que golpea al sol con el látigo, señor, en la oscuridad
da latigazos a la persona escondida en una sonrisa aduladora

Señor, el aire enrarecido de la meseta es a tu gusto
Brota un amor obeso en las comisuras obstinadas de la boca
Tu amor es el amor de toda la pradera
Y antes de ser la pradera
Todas las hirebas verdes no tienen sentido alguno
Antes de verte
Los poemas nada tienen que ver contigo

Señor, soy la persona que duerme con la montaña nevada en brazos
Solo amo a la montaña nevada, solo amo
ese rayito de luz solar de azul claro en la cumbre helada
Antes de verte
yo consideraba dorado el sol
Y ahora, señor, señor callado
me di cuenta que el sol es de azul ligero

Señor, no importa cómo te llamas
Lo importante es que eres el señor Estepa
Eres el señor bondadoso de un rebaño de yaks
Eres el señor tan vasto como una pradera con la que me encuentro
tras atravesar una montaña nevada y otra

Leyenda del Vacío

He estado en la casa del Vacío
La casa del Vacío, grande y luminosa

La planta verde echa sus labios grandes y carnosos
Es característica de lo precoz, tengo el inconveniente en señalar
el peligro escondido. Visité la casa del Vacío
Tomé el té caliente que me servía la señora Vacío
Charlaba con ella, y la señora Vacío abrigaba sospecha sobre mí
Con una chica de esta edad es normal hablar de la vida
Todavía es pronto para hablar de Nietzsche

Le presté oído y escuché atentamente
¡Qué cantidad de lecturas tenía la señora Vacío!
De astronomía a geografía, de Marxismo-Leninismo a Maoísmo
ella lee de todo, con una postura prudente
No parece una persona vacía
Tiene una mirada suave, como si se viera su corazón
Sus dedos son muy limpios, los dientes, blancos y lisos
A pesar de la edad avanzada, su gracia
nada muestra la vejez sino un mensaje joven
dulce de frutas, frutas puestas en el plato

Es completamente diferente de un modo de hablar presuntuoso
La señora Vacío es bien educada
Cría a dos hijos del vacío
Es buena madre del vacío
Es gobernante del vacío
Charló conmigo toda la tarde
hasta cuando entraron sus hijos del vacío
Aún ella me tomaba las manos
Como mi propia madre, sus palabras cálidas
apenas hacían que mis ojos se llenaran de lágrimas

Yo intentaba extraer las manos
Me di cuenta de que no era capaz de ser su rival
Me las tomaba demasiado fuerte, como si cogiera a las manos del
ángel
No quería soltar la mano, la señora Vacío
La señora ya tenía sesenta y pico de años, de buen corazón
Aparecían las menores arrugas en su rostro, parecía a una niña
cuando se reía

Se me entumecieron las manos, y me dolio vagamente la cabeza
Pero la señora Vacío no tenía ganas de parar, seguía moviendo su
boca
Mareada, poco a poco me surgieron alucinaciones
Iba a colapsarme y me daban ganas de vomitar
Moviendo la silla me esforzaba en sostener el cuerpo vacilante
La luz en la casa de la señora Vacío se venía oscureciendo
Vi ir y venir en el salón a sus dos hijos del vacío
como dos asesinos del vacío, de repente se detuvieron detrás de ella
Grité, la señora Vacío se vino abajo

                                                      Trad. de poemas: Li Ni y Yang Hong

(Un mínimo destello en el mar del atardecer. Poetas chinos en América Latina. Ed. Sun Xintang. Monterrey, Nuevo León, México: Universidad Autónoma de Nuevo León, 2019)