Poemas para antes y después de navegar

Jorge Humberto Chávez

Crónica de mis manes

mi padre tuvo la sabia idea de refugiarse en un hospital

y morirse el mismo día

en que el pueblo votó al nuevo gobierno

y no alcanzó a ver

que empezamos a caer como moscas

primero los del otro lado de la ciudad

luego los de la colonia contigua más tarde los conocidos

después los vecinos

y finalmente el atardecer nos regaló la muerte del amigo

y del hermano

y la ciudad como un animal en cacería y los automovilistas que
avanzan pronto pronto observando de reojo al conductor de
al lado que vigila por el retrovisor al conductor de atrás

mientras el policía el magistrado y el ladrón se ponen de acuerdo
y dicen ahora vas tú y luego sigues tú y el animal empezó a perder
el resplandor de su pelaje y más tarde la piel

mírate ahora convertido en un pequeño animal

con los ojos en las cuencas de sus hijos

vagando ciego y sin corazón por la ciudades

Cumpleaños

El mundo es sencillo cuando tienes nueve años la lluvia por ejemplo
siempre corre del poniente lavando los guijarros de la calle

no hay este: sólo norte y poniente la palabra sol es del poniente
la palabra río queda en el norte la palabra mojado norte también

guerra significa Forts Bliss o Vietnam y la palabra papá significa
Denver o un viejo chevrolet esperando a su dueño

papá es norte la palabra país era difícil no era poniente ni norte país
parecía decir ciudad algunos la usaban mejor como barrio

al amparo de la montaña Franklin que era norte y los atardeceres
y las lluvias ponientes apareció la palabra sur

ese mismo día llegó la palabra masacre: era igual a trescientos
estudiantes abaleados de pronto en una plaza

país no era entonces el refugio era más bien una extraña frontera
donde pasaban cosas que no se podían referir

madre es como una gran charola de pan dulce y la palabra país más
bien se trata de que no tengas panes en la mesa

no es difícil entonces comprender lo que son a los nueve años
la palabra masacre la palabra sur la palabra país

El río

La ciudad es una. Un río sucio la parte en 2: ciénaga de sudores.
La poesía es muchas: palabras que transmutan apenas cruzas este río.
Una mirada escruta desde los arbustos el paso verde en el agua.
Aquí es el fin del cerrado corazón, el término de un país huérfano;
aquí comienzan otros significados.

El río rojo separa a la ciudad y en cada universo arma su historia
de fiesta o pesadilla. Apenas se traspone el linde la misma voz ora
otra realidades. Desde esta orilla hay la sangre sobre las piedras
y enfrente el arma todavía busca su blanco: piel bañada de lunas
magras contra el silbido del metal. Pero la ciudad es una sola.

Hay un río negro avanzando en medio de la ciudad, un río armado
de noche entre las astas de los edificios. Divide a la ciudad en negro
y blanco. El sur es un grito; el norte es una fiesta de luz. Este río
avanza bajo los puentes como una daga segando algodonales.
Duele y canta la ciudad, pero bajo la luz del sol es una sola.

Another road poem

avanzar solamente con un tigre dormido en el mismo centro de
los ojos

el mundo entero en el retrovisor haciéndote señales de un urgente
retorno

el mundo todo frente a ti es un precipicio horizontal que no conoce
término

ah el hombre que lleva su corazón ardiendo y no puede quitarse
el amor de su piel

firmes las manos en el volante vigilado por las girantes estrellas
del norte

el largo tren que atraviesa una ciudad abandonada silba para espantar
los sueños de nadie

tu auto lanza hacia el disco de la luna pequeñas briznas
de amarillentos céspedes

rompiendo la silente burbuja del tiempo con el siseo del motor

ah la vida que te llama en esa extensa noche para llevarte a un día sin
epílogo

ah la muchacha fantasma subida en el estribo con su puro doler
observando al hombre que conduce

Prosa sobre el final

Llega lenta la claridad y unge los objetos cercanos,
como la taza de café y el lápiz
que están esperando el toque de mis dedos.
Las cosas despiertan.
Yo tengo algo en mí que observa y desconfía del amanecer.
Mente y contemplación sobre el rumor
apenas sentido de la sangre
corriendo tras mis pensamientos y mis ojos.
Lejos se escucha el ladrido de un perro perturbando al sol.
Alas antiguas que rozan los pliegues
del aire pasan junto a la ventana.

El día que hoy amanece
sabe que no llegará a destino alguno,
y tú estás dormida en la otra recámara
fuertemente sostenida de tu sueño
como si alguien llegado a tu dormir
te lo hubiera dicho.

(J. H. Chávez. Te diría que fuéramos al río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto. 2a ed. México: FCE, 2023)