Poemas para antes y después de navegar

Nadia López García

Nado sin orillas
 

En un principio
todos fuimos agua.
 
Agua cristalizada, agua bendita,
agua amniótica.
Nos movimos
rodeados por una placenta, un borde,
un límite entre la vida interior
y ésta
en la que hoy nadamos.
 
En los lindes de mi mano
el hipocampo permanece
inmóvil, rodeado de su coraza.
 
Quizá recuerda el agua y su sal,
el mar y su estruendo,
recuerda su nado erecto y dorsal,
su nado
            sin orillas.

III
 
Camino por el recuerdo,
por el momento preciso.
El mundo ensayó una muerte pausada,
se detuvo el tiempo
y una ciudad entera murió.
 
Papá,
quiero ser mujer,
               yo soy una mujer
.
 
¿Hay alguien aquí?
¿Todavía,
hay alguien aquí?
 
Y después de las palabras
             ¿qué nos queda?

Fragmentos de agua
 
¿Cuántas vidas pueden vivirse
en un instante?
 
El día que decidí ser Estrella,
conocí el verdadero odio
de mi padre,
las esquinas de sus palabras
fueron más punzantes que el cuchillo
con el que mi madre cortaba las aletas
de los pescados recién venidos del agua salada.
 
¿No te basta
con que hayan matado a Vicente?

 
Las palabras son puertas o ventanas
a veces abiertas, otras cerradas,
hasta el tuétano.
 
Sus palabras eran esquirlas
atravesando mi cuerpo de Estrella,
mi cuerpo de yo, mi cuerpo
a secas.
 
Astillas de un cristal roto
por un puño hecho espalda,
por una boca hecha dolor,
por unos ojos hechos nada.
Fragmentos de una fotografía familiar
reventando los aires.
 
¿Qué nos hace ser lo que somos?
 
Sabes, yo sueño muchas cosas.
El otro día soñé que no moría tu hermano,
soñé que morías tú.

 
¿Y si realmente fui yo el que murió?

(N. López García. Dorsal. México: FCE, 2022)