Enigma
El castillo ha llegado con el viento
con la lluvia se han abierto las banderas
como soles.
(Pasa el rey con su sonrisa
incrustada en la corona)
Los muros estiran su piel de tambor
en tanto doblan cabezas las campanas
y la hierba arde tres siglos
bajo los pies de los hombres
enzarzados en la danza.
El cuerpo donde habito
I
Todo este buen objeto que es un cuerpo:
sus brazos flacos despegados por arriba
sus alocadas piernas cortadas hacia abajo
y en el medio el pedacito de torso
con su corazón puntual, sus riñones limpios
y este pulmón que se asoma a la ventana
y conversa con el otro
sobre si el cerebro encabezado, si la boca armada
si las altas hogueras parpadeando al unísono.
Ah este cuerpo alegre como un perro chico
con su sexo despierto saltando en la puerta.
Sin este honroso cuerpo, duro y claro,
sin su lúcida arquitectura
de huesos quietos y pellejo alzado
dónde habitaría y cómo
tanta tierra acongojada nada?
II
En los brazos de mi cuerpo estoy
en sus pies me alzo y ando.
De mi cuerpo soy hija única
y en su piel me sumerjo entera.
Sin mi cuerpo no hay voz
ni mi voz ni tu voz
sin las orejas de mi cuerpo
ni tu cuerpo sin los ojos del mío
sin sus manos.
Me ama este cuerpo que yo habito
me abre sus ventanas y me teje
y desteje cada día que me asomo.
Es él quien fabrica las palabras
la conciencia de estar / de ser aquí
porque así lo quiere
y si no lo quiere entonces nada
de nada.
Las altas distancias
Si yo escribo tu nombre en la arena
y tú escribes mi nombre en la arena
pero en esta playa
es que hemos descuidado las cosas
hemos dejado crecer el mar como hierba mala
y habrá que arrancarlo con cuidado
hasta allanar la arena de esa playa
donde puedas escribir mi nombre y rozar el dedo
que está escribiendo el tuyo despacito.
Al hipócrita lector
Sólo estas palabras que junto frente a tus ojos
como un montón de basura
para que tropieces cada vez que salgas
silbando a la calle
mil veces además porque escribo en Lima
y están de huelga los muchachos del alcalde
los tristes, los olvidados muchachos de la orquesta
con su camión ón ón y su triángulo recolector
de cajas y bolsas reventando de palabras
y otras inmundicias.
Cesare P.
Sé que lo tuyo es revolverse entre las brasas
arrancarte los cabellos
y las barbas si las tuvieras
aplastar con los dedos la más pequeña luz antes que crezca
como una espada de sol
que te arroje de ese fosco paraíso
que levantaste a pulso, severamente,
y con exactas lágrimas regaste.
Oh señor de la voluntad y del fierro,
oh cáustico,
sé que bajo tus pasos terribles no vuelve a crecer la hierba
que tu aliento parte las sillas en dos
en tres la fiesta.
Sé que fui el ratón entre los anillos
de la serpiente de fuego,
el gato atrapado sobre el témpano de hielo.
No soy digna de que entres en mi casa:
hay demasida luz en ella,
verdes pastos, blandas camas,
pero una palabra tuya bastará para derribarla.
(R. Di Paolo. Poesía reunida, 1985-2016. Presentación Ana María Gazzolo. México: FCE, 2023)
