Cesare Pavese

Verano

Hay un claro jardín, entre muros bajos,
de hierba seca y luz que quema despacio
la tierra. Es una luz que sabe del mar.
Respiras esa hierba. Te tocas los cabellos
y agitas el recuerdo.
He visto caer
muchos y dulces frutos sobre una hierba que conozco,
como un cuerpo en el agua. Así te estremece también
el sobresalto de la sangre. Mueves la cabeza
como si en torno ocurriese un prodigio de aire
y el prodigio eres tú. Hay un sabor igual
en tus ojos y en el cálido recuerdo.
Escuchas.
Las palabras que escuchas apenas te tocan.
En tu rostro apacible hay una idea clara
que en tus hombros parece la luz del mar.
Hay en tu cara un silencio que oprime el corazón
como una caída, y en él destila una vieja pena
como el jugo de los frutos caídos entonces.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo. Tus ojos
serán una palabra inútil
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas hacia ti
en el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
la resurrección de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Nos hundiremos, mudos, en el remolino.

(C. Pavese. Poesía completa. Trad. Guillermo Fernández. México: UNAM, 1991)